Caso Spotify, la empresa que cambió las reglas de juego de la industria musical: Sección cultura, creatividad y sociedad

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Introducción

Desde que los suecos Daniel Ek y Martin Lorentzon imaginaran y pusieran en marcha en 2008 la plataforma musical Spotify, hasta convertirse en lo que es actualmente, han transcurrido ya quince años, y el modelo de negocio sigue creciendo e innovando, a pesar de no despegar sus beneficios. Pero ¿cuál ha sido el devenir de esta plataforma musical? Vamos a tratar de analizarlo a continuación.

¿Qué servicios ofrece Spotify para el usuario? ¿Y para las editoriales musicales?

Actualmente Spotify ofrece dos modalidades a sus usuarios: Premium, surgida junto con la app para móviles en 2009 y que han mantenido hasta la actualidad, y una gratuita sin límite de horas de escucha a cambio de introducir publicidad esporádicamente (lo que se conoce como Freemium), que es la que yo utilizo, puesto que el uso que hago de la plataforma es ocasional, y no me molesta especialmente escuchar anuncios intercalados en las canciones. La aplicación también te sugiere música de acuerdo a tus reproducciones, aunque a veces el algoritmo no afine demasiado.

Para los usuarios más puristas, la modalidad Premium permite además escuchar música almacenada en listas sin conexión a internet. Para esta opción utilizo desde hace unos años la aplicación gratuita Total Downloader para IOS, que permite descargar archivos de música, vídeos de YouTube, incluidos conciertos completos, que puede escuchar en cualquier momento.

Spotify no podía estar al margen de las llamadas redes sociales, que dadas las interacciones de sus usuarios a veces dan la sensación de ser antisociales, y se ha aliado con Facebook y Twitter para que sus usuarios puedan compartir su música por el Messenger y escucharla sin tener que salir de esa red social. También da la posibilidad de ver lo que escuchan sus contactos e incluso compartir lo que están escuchando con ellos, a modo de red social per se. Personalmente me parece una opción algo intrusiva. No me gustaría que mientras estuviera escuchando una pieza de Chopin, recibiera mensajes de conocidos peguntándome si me ocurre algo. Me sentiría observada, de aquí al “metaverso” de Spotify no queda nada. Seguramente algunas personas se quedarían a vivir en él, en lugar de volver a su realidad cotidiana. Quién sabe, a lo mejor nos reunimos más en el metaverso que en la actualidad, y si es para escuchar música en grupo, que según indican los expertos ofrece grandes beneficios sociales y biológicos, pues a lo mejor mejoraríamos como sociedad.

En un mundo tan visual como el nuestro, en el que, si no hay imagen de lo acontecido, no se da crédito a una noticia, Spotify ha apostado por la imagen tras la compra de CrowdAlbum, donde se puede compartir vídeos y fotografías. También se dio cuenta del potencial del contenido y comenzó a ofrecer podcasts. Dispone de canales como Seriépolis Podcast, que ofrece información sobre series y televisión, que permite una suscripción gratuita. También ha incorporado nuevas aplicaciones como Pitchfork1, que permite el descubrimiento de música nueva y que muestra los nuevos lanzamientos de artistas indie, o TuneWiki, que ofrece letras de canciones.

En cuanto a las empresas musicales, además del desembolso que realiza Spotify para poder reproducir la música en su plataforma, los datos que se guardan de los usuarios proporcionan a las discográficas direcciones de correo electrónico y listas de reproducción. Es habitual que antes de poder guardar un álbum en la biblioteca de Spotify, se deban aprobar las condiciones y otorgar los permisos solicitados. Esta es otra forma de facilitar a las empresas información y que tengan el control de lo que consumimos. Para ayudar a las editoriales y los autores a monitorizar el uso de sus temas, Spotify lanzó una serie de herramientas analíticas, que incluyen estadísticas de las reproducciones, playlists, etc.

¿Cuáles son las estrategias de gestión de Spotify que lo han llevado al éxito?

Si Spotify se hubiera quedado únicamente en una aplicación para escuchar música en el ordenador, que estuviera disponible para unos pocos países europeos, no estaríamos hablando ahora mismo de ella, puesto que, como tantas otras aplicaciones, hubiese desaparecido sustituida por otras nuevas que ofrecieran más servicios, y solamente sería un recuerdo de algunos nostálgicos.

Con la aparición de los teléfonos inteligentes o Smartphones se abrió un vasto horizonte, al poder llegar a millones de personas conectadas con tan solo descargarse su aplicación, que luego llegó a otros dispositivos como las tablets.

El siguiente paso fue transformarse en 2011 en una plataforma que aloja aplicaciones de terceros, que además de ser una fuente de ingresos para la empresa, permite al usuario realizar un recorrido musical, no solo escuchando música sino, por ejemplo, leyendo una revista musical como Rolling Stone, que tiene su propio canal en la plataforma.

Poco a poco ha ido incluyendo servicios como hemos visto en el punto anterior, llegando a lanzar series de producción propia y canales de podcasts (hasta Michelle Obama tiene su “The Michelle Obama Podcast”), al darse cuenta del potencial de este formato, no solamente pensando en el usuario sino en la posibilidad de desarrollar un nuevo canal de consumo de cara a su negocio.

Aprovechando los cada vez más rápidos avances tecnológicos, ha incluido la interacción de los dispositivos por medio de la voz desde 2019, como es el caso de sus anuncios habilitados por comandos por voz, como el de la marca de desodorantes Axe, que incorpora la opción de Play now para que el anuncio no se reproduzca hasta el final.

Una de los últimos acuerdos que ha firmado la compañía ha sido el de poner su nombre a las camisetas y al estadio de fútbol del FC Barcelona durante los próximos cuatro años (Spotify Camp Nou). El club deportivo se beneficiará de esta inyección económica y Spotify aprovechará el tirón que tiene el equipo blaugrana.

¿Cuáles serían los pros y los contras para una editorial musical que su fondo sea distribuido por Spotify?

Spotify desde un principio causó desconfianza en las editoriales musicales y discográficas. Tal y como se indica en la noticia de Marketing4commerce “las negociaciones con las compañías discográficas para obtener las licencias de las canciones retrasaron más de dos años su puesta en marcha de forma pública”. Algo similar ocurrió en el mercado estadounidense, ya que en un principio las discográficas se mostraron muy reticentes a causa de los derechos de las canciones, pero finalmente tuvieron que acceder, debido en parte al incremento de las descargas ilegales de música.

Spotify paga al propietario de los derechos musicales, las discográficas o los propios autores, una tasa negociada de antemano de acuerdo a las reproducciones o en forma de regalías, que según los autores es muy baja, por lo que algunos son reticentes a permitir que la plataforma utilice sus trabajos. En cambio, las que si pueden sacar provecho de estos servicios de streaming son las grandes discográficas, al disponer de catálogos enormes, que les permite negociar acuerdos más ventajosos.

¿Se puede considerar a Spotify como un servicio complementario o sustitutivo de otras formas de consumo de música?

No hay duda de que en la actualidad cuando pensamos en canciones nos viene a la mente “el spoti” frente sus a otros competidores (Tidal, Apple Music, Amazon Music, Qobuz, Deezer y YouTube Music), es el poder de la publicidad. Aunque en mi caso soy consumidora de la versión freemium de Spotify, que me acompaña en varios momentos: trabajo, casa…, no es la única forma en que consumo música. Hace relativamente poco he redescubierto los vinilos y estoy encantada. En general es una forma aceptada por todos de consumir música, pero no la única, puesto que existen otras plataformas de streaming como Pandora, Prime Music, etc. y surgirán otras nuevas. Además, el usuario es cada vez más exigente y Spotify se ve en la tesitura de estar innovando continuamente, y no es sencillo. Últimamente están surgiendo polémicas en su entorno que ha hecho caer sus cotizaciones en bolsa, al haberse retirado varios autores como Joni Mitchell o David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash a causa del podcast de Joe Rogan y sus polémicas declaraciones sobre el COVID-19, habrá que ver en qué acaba todo esto.

BIBLIOGRAFÍA

Galeano, S. (2019). Spotify estrena anuncios con los que interactuar mediante comandos de voz. Marketing4Ecommerce. https://bit.ly/3Nf594c. [Consultado el 22/03/2022].
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PromocionMusical.es (2021). Spotify e Industria Musical: Relaciones e Implicaciones. https://bit.ly/3qu09iq. [Consultado el 22/03/2022].
Valeria, M. (2019). Historia de Spotify: nacimiento y evolución del líder de la música en streaming. Marketing4Ecommerce. https://bit.ly/3IwBEqZ. [Consultado el 22/03/2022].

Razón: La alumna Carmen Arroyo Martín colabora con el blog Vuélcate con su sección Cultura, creatividad y sociedad. En esta colaboración se centra en un ensayo realizado en la asignatura Estrategias de gestión en sectores específicos de las industrias culturales y creativas, del Máster UEMC en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas (Semipresencial).
Temática: Caso Spotify en la industria musical.
Alumno: Carmen Arroyo Martín.
Especialización: Máster en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas (Semipresencial).

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