Un gol que no cicatrizaba heridas

La alegría incontenida de Dragan Isailovic cuando anotó este, el tanto más importante de su carrera deportiva, se contrapone a los sentimientos de dos pueblos enfrentados en una guerra que tuvo al fútbol en sus inicios y también en sus finales…

0

Es lógico que las circunstancias de este artículo nos lleven a pensar, en estos tiempos de encrucijada, en Cataluña. Esperemos que no. La situación de la extinta Yugoslavia no era la misma. Su falta de cohesión e identidad en terrenos como la religión, la cultura, las ideologías y el ser una nación surgida de un reparto tal vez irracional tras la Gran Guerra Mundial (seis repúblicas, cinco nacionalidades y cuatro idiomas), nos hace reflexionar sobre que en España no estamos en ese disparadero. Por ahora.

La guerra en la antigua Yugoslavia se desarrolló de junio de 1991 a septiembre de 1995, aunque en Kosovo se extendió hasta 2001. En ella se dice que murieron más de 130.000 personas y aproximadamente dos tercios de la población fueron desplazados de sus hogares, hubo una limpieza étnica declarada, violaciones y toda clase de abusos en contra de los derechos fundamentales. Desde ambos bandos. Toda guerra es el fracaso del diálogo y de la negociación. Y es que muerto el dictador Tito afloraron las diferencias y, aunque el punto de partida pudo ser la declaración de independencia de Eslovenia y Croacia frente a la Gran Serbia, había mucho detrás. También fútbol.

En el estadio Maksimir croata reza la inscripción: “Para los seguidores del equipo (Dinamo de Zagrev) que comenzaron la guerra con Serbia el 13 de mayo de 1990”. En esta fecha, fue cuando el futbolista local Boban propinó una patada a un policía (ejército y policía estaban en manos serbias) que violentamente agredía a un joven seguidor croata con motivo de un partido que no llegó ni a iniciarse entre el Dinamo Zagreb de la entonces República Socialista de Croacia y el Estrella Roja de Belgrado, Serbia. Ese era el caldo de cultivo que sería capaz de terminar en armas. Siempre se ha dicho que Boban, que luego jugaría en el AC Milan y en el Celta, a partir de este momento fue considerado por los suyos un héroe. Un héroe de guerra.

Y el encarnizado conflicto, como no podía ser de otra forma, pausó en cierta manera el fútbol, al menos en las competiciones europeas. La Liga yugoslava dejó de disputarse en 1992, pero nacieron las competiciones de Serbia y Montenegro, la liga croata…

Hasta 1997, el Partizán no fue reintroducido en las competiciones europeas tras el levantamiento de la prohibición de la UEFA sobre los clubes de la República Federal de Yugoslavia. El 23 de julio de ese año, el Partizán de Belgrado, el equipo tradicional del ejército serbio, disputaba, después de todos esos avatares, el primer encuentro previo de clasificación para la Copa de Europa ante el Dínamo de Zagrev (que jugaba con el sobrenombre de Croacia, para más abundamiento). Un millonario había logrado juntar en las filas de esta última escuadra croata a futbolistas como Prosinecki, Viduka, Simic, Ivan Tomic… Era el equipo favorito en esta vuelta del fútbol tras el conflicto en esos territorios. Y los sentimientos estaban a flor de piel.

Dragan Isailovic contaba con 21 años y ocupaba el banquillo en ese encuentro. “No pensaba que iba a jugar. El entrenador (Ljubisa Tumbakovic) ya había hecho un cambio, y en ese momento toda la grada empezó a corear ‘Isailovic, Isailovic, Isailovic’. Aunque el míster iba a sacar a otro jugador, al final optó por meterme en la cancha”. El partido se encaminaba hacia el empate sin goles, pero una jugada en la que intervino Tomic y Sasa Ilic concluyó con pase interior a Isailovic que, tras perfilarse, batió con la derecha al meta del cuadro croata. “Me volví loco, me puse a correr, salté la valla. Estaba completamente descontrolado. La euforia me duró hasta el punto de que no pude conducir el coche de vuelta a casa y me tuvo que llevar mi padre”.

Sin duda los sentimientos emergieron de golpe. Una guerra, un partido de fútbol ante el máximo rival. Un gol. La grada, a rebosar, con importantes medidas de seguridad. Era un gol con el que terminaba un conflicto, aunque no cerraba importantes heridas abiertas. Aún no.

A las seis de la mañana del día siguiente, Isa se levantó para comprar todos los periódicos. Por la noche, los aledaños de su casa habían sido el reducto de muchos aficionados que querían darle las gracias por todo al futbolista surgido del Obrenovac. Era la venganza. Él, por su parte, les había obsequiado con pipas y cervezas.

Pero quedaba el partido de vuelta y una semana después, el Croacia Zagrev vencía en su casa –el mismo estadio donde Boban alzó su voz y su patada- por 5-0 dando al traste con todas las esperanzas de los serbios. El periódico que una semana antes ensalzaba a Isailovic y los suyos, ahora tintaba la portada toda de negro enlutado y únicamente resaltaba en grande el marcador. Los hinchas tampoco iban a perdonárselo a los jugadores en el entrenamiento del día siguiente, aunque para el joven Dragan sí que habría algo más de piedad.

En 1998, Dragan Isailovic llegaba, con estas ‘mochilas’, al Real Valladolid. Veinte años más tarde de ese encuentro y de su gol más importante, Isailovic ha abierto una instalación de fútbol Indoor en el Polígono de Argales, el Ingoal Club. Porque, a pesar de todo, él ama el fútbol.

Razón: Santiago Hidalgo Chacel publica periódicamente en el periódico El Norte de Castilla un artículo de opinión de temática deportiva. Algunos de esos artículos junto con otros inéditos serán publicados mensualmente en Vuélcate en su columna Sin perder el norte.
Temática: La guerra de los Balcanes tuvo una amplia relación con el fútbol. El gol de Dragan Isailovic, ex jugador del Real Valladolid, contribuyó a que la herida no se cerrara.
PAS: Santiago Hidalgo Chacel. Gerente de la Fundación UEMC.
Especialización: Periodismo deportivo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here