“El encuentro de dos personas es como el
contacto de dos sustancias químicas: si
hay reacción ambas se transforman.” Carl G. Jung

Cámaras, luces y acción. Se abre la puerta y sube el telón.
No hay personajes. Solo seres humanos como tú y yo.
Un par de ojos negros, penetrantes y con chispa me esperan.
– “Pasa adelante”-, me dice.
Percibo que en esta primera vez no surgiría mi risa nerviosa. Eso creí, pero me equivoqué.
Mi voz temblorosa, le susurra un inacabado: “Buenas tardes”.
Ella posee la virtud de convertir las tardes en años y las noches en siglos.
Entro y me acerco al diván. Mis ojos se pierden entre los cojines que tiene extendidos por los diferentes rincones de su despacho. Huele a aires transcendentales. Aires que no son de este mundo, sino del suyo.
No hay ruidos ni interrupciones. Ni tan siquiera escucho los sonidos que generan los motores de los coches que transitan al otro extremo de ventanal.
Me cuesta comenzar a hablar.
Ella rompe el hielo sutilmente con varias de sus carcajadas que me dan vida. Ella es única. Posee una inagotable voz. Yo, mientras tanto, respiro su seguridad. Acaricio su firmeza. Siento cómo su fortaleza y seguridad se desatan ante mí. Un gran torbellino de emociones surge dentro de mi ser cuando observo por fin la luz que tiene su mirada. Ella es líder. Es leal a su ideología política. No obstante, nuestras ideologías se encuentran. Se enfrentan, pero armonizan. Son como líneas tangentes y divergentes, pero se escuchan y respetan.
– “¿Sabes por qué estás aquí?”-, me pregunta.
– “Para compartir mis escritos de terapia narrativa”, – respondí.
Hoy, en este aquí y ahora hay mucho más que respeto. Hay admiración.
Admiro su forma de conocer los entresijos del alma sin apenas leer las páginas de mi psique o las ideas anotadas sobre mi diario.
Ella es clara, precisa y leal. No obstante, ante todo, incansable, relajante y fuerte a la vez. Sencillamente si tuviera que volver a nacer la escogería por ser sencilla, cercana y humana.
Nuestros temas fueron diversos. Desmenuzamos la realidad social actual o la política internacional.
¡Absurdo! ¡Increíble! ¡Inaceptable! Tres adjetivos calificativos que se ajustaron perfectamente para describir la realidad social de aquellos días. Nuestras charlas eran la manera de ayudar a salvar todo lo que parecía un inevitable caos en la sociedad. Sé que era una manera de que perdiera el miedo. Era la manera más sutil de acercarme a ella. Ella necesitaba que yo confiara y me relajara.
Tres gotas de literatura de corte social, una decena de sonrisas con el fin de desatar el lazo que llevaba prendida mi alma. Poco a poco ese lazo se fue aflojando, perdiendo la compostura y me abrí.
Cientos de lágrimas afloraban sobre mis mejillas. Corrían desbocadas corriente abajo. Ya no hay marcha atrás.
– “Que salgan los personajes”, me dice. “¿Personajes?”- pienso.
– “Persona”-, le afirmo.
Quise robarle unos segundos, pero ya la consulta había terminado.
Aun así, me sentía capaz de seguir desnudando mi alma. ¡Pura catarsis!

Razón: Silueta con voz de mujer responde al nombre de la colaboración literaria mensual que la profesora del Grado en periodismo semipresencial, Ruth Amarilis Cotto Benítez, efectuará en Vuélcate. Se trata de una serie de relatos cortos que empoderen a las mujeres.
El logo de su colaboración ha sido cedido por el pintor Alejandro Conde. Se trata de su obra titulada Mujer con sombrero. Y este mismo pintor colabora con otras obras cedidas para ilustrar específicamente algunos relatos de la autora.
Temática: Amor.
Profesor: Ruth Amarilis Cotto.
Especialización: Filología Inglesa. Dpto. Ciencias Sociales (UEMC).












































