En Mónaco todo parece concentrado: el mar, la roca, el lujo y la historia en apenas unos kilómetros donde cada esquina tiene vocación de escenario. Antes de ser sinónimo de elegancia contemporánea, este promontorio fue enclave estratégico del Mediterráneo. La familia Grimaldi convirtió la fortaleza en casa y la casa en símbolo. Aún hoy, la silueta de Palacio del Príncipe de Mónaco sobre el peñón recuerda que aquí la política se mira desde lo alto, con el puerto a sus pies.
La vida cotidiana se reparte por barrios que cuentan versiones distintas del mismo relato. Mónaco-Ville conserva el aire de pueblo amurallado: callejuelas limpias, balcones con flores, el silencio medido de un lugar donde el turismo entra de puntillas. Montecarlo, en cambio, es un neón de buen gusto: hoteles de otra época, escaparates sin prisa y un pulso social que se acelera cuando el calendario apunta a grandes citas, del automóvil al yate.
En la mesa, Mónaco habla con acento ligur y provenzal: barbajuan (empanadillas fritas), stocafi (bacalao), fougasse monégasque y platos mediterráneos de mercado, con aceite de oliva, cítricos y pescado fresco como argumento principal.
Cuando llega diciembre, el principado se vuelve todavía más fotogénico. Los mercadillos navideños toman el puerto y las plazas con casetas de madera, luces cálidas, chocolate caliente, vino especiado y artesanía. No hay nieve, pero sí brillo: una Navidad de costa que huele a mar y a azúcar, perfecta para una crónica con cámara en mano.
Razón: El profesor Ismael García-Herrero está especializado en Fotoperiodismo. Con la sección bimensual Full Frame, quiere mostrar su visión de los viajes y la fotografía social desde una óptica periodística.
Temática: Viajes.
Profesor: Ismael García Herrero. Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.
Especialización: Fotoperiodismo.









































