Japón: Sentido y sensibilidad, en Sección cultura, creatividad y sociedad

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La importancia de los sentidos y su utilidad para desenvolvernos en nuestro día a día es algo que no se puede poner en duda. De entre ellos, quizás el olfato merece que le prestemos una atención especial. Hay personas más sensibles que otras a los olores -malos y buenos-, y es cierto que no se echa en falta algo hasta que lo pierdes. En el caso del olfato, cuando se sufre de anosmia (pérdida total del olfato), no nos percatamos de lo huérfanos que nos quedamos, y de la sensación tan extraña de no percibir olor alguno, como me ocurrió en la pandemia -ya casi olvidada- del 2020. La pérdida del olfato es uno de los síntomas y puede ir  acompañada de la pérdida del gusto. Se tiene la percepción de que ambos sentidos están relacionados, sobre todo cuando nos referimos a los alimentos que tomamos, puesto que ambos actúan como sensores químicos.

Para una persona que tiene un olfato sensible y percibe las diferentes notas olfativas de un perfume y, de repente, deja de percibirlas y se encuentra con un vacío olfativo, pierde el contacto con la realidad. Es una sensación muy extraña. Por suerte, en mi caso la anosmia fue leve y pasajera, y puedo continuar disfrutando de los olores en cada viaje, que, además de una ingente cantidad de fotografías en el móvil, es un recuerdo que siempre traigo conmigo.

Cada uno de nosotros viaja por diferentes motivos. Hay quien considera los viajes una vía de escape de la cotidianidad; quien debe viajar constantemente por motivos de trabajo; o quienes desean conocer nuevas culturas y disfrutar de nuevas experiencias. Seguramente todos tenemos en mente realizar el viaje de nuestra vida. Visitar ese lugar del planeta azul que habitamos y vivirlo plenamente más allá de los circuitos masificados. Algo que resulta cada vez más complicado. ¡Si hay colas para alcanzar la cumbre del Everest! Desde luego hay viajes que te transforman y cuando regresas a tu país de origen ya nada es lo mismo. Siempre puedes volver a revivir esos momentos a través de las fotografías tomadas durante el viaje, aunque con el Diógenes digital que sufro, tardo bastante en dar con una imagen en concreto. En mi caso, el país que más me ha marcado hasta ahora ha sido sin duda Japón.

Entre mi archivo personal de olores se encuentra la explosión de aromas que pude captar en el Bazar de las Especias de Estambul, pero tras vivir la experiencia nipona he ampliado mis recuerdos olfativos, que espero que me acompañen durante mucho tiempo, porque la memoria es frágil y los recuerdos, cuando los recuperamos transcurrido un tiempo después, o bien los idealizamos o no corresponden exactamente con lo ocurrido entonces. A veces creo que mi hermana y yo hemos vivido vidas distintas porque nuestros recuerdos comunes de algunos sucesos vitales difieren totalmente.

Volviendo a Japón y sus olores. Sí, olores, porque este es el país de los sentidos, y desde luego el olfato es muy importante. Es destacable que prácticamente no detecté malos olores como en otros países visitados, ni siquiera en el metro. Lo que sí me sorprendió fue la sutilidad de los aromas de sus habitantes. El japonés no utiliza perfumes barrocos que dejen estelas de su aroma al pasar. Gustan de lo que llaman los expertos perfumistas el soft mood o lujo silencioso olfativo. Una tendencia al alza en perfumería, pero, como no podía ser de otra forma, los japoneses ya la llevan incorporando a su modo de vida desde hace tiempo.

En realidad, la aplican en todo: hoteles, centros comerciales y supongo-porque no tuve la oportunidad de comprobarlo- en sus casas. En los diferentes alojamientos en los que estuve, destacaba la limpieza y la ausencia de olor. Me refiero al típico olor de habitación de hotel, ese que te impregna la nariz al entrar, y que con suerte te recuerda que la habitación ha sido limpiada recientemente.

Pero de todos los olores o no olores de Japón, el de la comida es el que más me ha sorprendido y no consigo desprenderme. Sin ser un olor fuerte ni especiado, al olerlo empezaba a salivar y me ponía de buen humor. Lo podías encontrar en las galerías llenas de puestos de ciudades como Osaka, Kioto o Tokio o en pequeños establecimientos en el pueblo pesquero de Ine, en la prefectura de Kioto. Sin duda la cultura japonesa más allá de sus luces, sonidos, su exquisita y cuidada presentación de sus platos, incluso en las casas de comida más sencillas, destaca por sus inolvidables olores discretos y elegantes, llenos de sentido y sensibilidad.

Razón: La antigua alumna Carmen Arroyo Martín, Doctora en Ciencias de la Documentación, colabora con el blog Vuélcate con su sección Cultura, creatividad y sociedad:  https://orcid.org/0000-0002-2241-3581.
Temática: Cultura japonesa.
Antiguo alumno: Carmen Arroyo Martín.
Especialización: Máster en Dirección y Gestión de Industrias Culturales y Creativas (Semipresencial).

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