Historia de una puesta de sol

0

Releyendo El Principito se me quedó grabada en la memoria una frase: “Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol”.

Era el atardecer. Ese momento en el que los últimos rayos de sol iluminaban de dorado tu rostro. Tú mirabas, quizá demasiado melancólico como para calmar mi tormenta, cómo el cielo iba perdiendo sus azules para teñirse de un rojo intenso.

Sin mirarme me dijiste que me estaba perdiendo un momento alucinante, ver cómo el sol jugaba al escondite en el horizonte con la luna. Pero en lo que no te fijabas es en que yo estaba viendo las últimas luces que se reflejaban en tu pelo, los últimos destellos de tu mirada triste que se perdía (con el sol) en la oscuridad.

En mi mente, una tormenta se dibujaba en torno a nuestras ideas. Quizá demasiadas promesas vacías, pocas atenciones a algo que creíamos haber construido sobre hormigón, pero que a cada segundo que pasaba, caía como lo hacía ahora el sol en el ocaso.

No sé si fue la llegada de la luna o el roce de tu mano con la mía lo que me heló, pero el frío se me coló hasta los huesos. No quería moverme. No quería que te levantases y te fueses, otra vez, de mi vida. Ya no me imaginaba como sería ver un atardecer sola. Quizá ahora me tendrían que acompañar las palabras de un libro en lugar de tus divertidas ocurrencias.

Si lo hubiera sabido, si me hubieran dado una pista de lo que iba a suceder, le hubiese pedido al sol unos minutos más antes de perderte.

Razón: La alumna de Comunicación audiovisual, Irene Soto Gutiérrez, comparte un relato suyo con la comunidad UEMC que se presenta al II Concurso vuelcatero 2020-2021.
Temática: Abandono.
Alumnos: Irene Soto Gutiérrez.
Curso: 2020-2021.
Profesor responsable: Carolina Pascual Pérez (Profesor del Departamento de Ciencias Sociales).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here