“En qué nos hemos convertido”

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Que la profesión periodística no vive buenos tiempos no es nada nuevo. Hay quien dice que siempre se ha movido al filo de la navaja, soportando crisis bajo toda clase de amenazas y hostilidades. Ningún prócer del periodismo conoce, a ciencia cierta, cómo resolver este entuerto que va camino de adquirir la categoría de problema del milenio. Y si algo caracteriza el actual estado de la profesión es la paradoja.

Plantear que el periodista está sometido a la cuenta de resultados puede desatar furibundas reacciones entre quienes se sienten interpelados. Representantes del gremio niegan la mayor, empero, la sutileza de sus palabras les contradicen. Quienes se rebelan por esa insidiosa afirmación no pueden contener la imperiosa necesidad de buscar fuentes de financiación para poder seguir respirando. Frente al discurso que rompe una lanza por la libertad del redactor, se cuelan versos sueltos que tachan de obviedad «no morder la mano que te da de comer». En definitiva, que estamos en un: «Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero». Hablando de versos. Y de paradojas.

Echar un rápido vistazo a los informes de la Asociación de la Prensa de Madrid permite seguir ahondando en este cisma irreconciliable. Mientras unos afirman no sentirse presionados, mas saben qué debe publicarse y qué no, cambian lo que otrora se decía autocensura, por el eufemismo reinante del “criterio”. Otros sitúan a la «falta de independencia» o «los problemas de credibilidad» en los puestos cabeceros de los quebraderos de cabeza de las redacciones. Asentados en esta especie de meta debate es ardua la tarea de garantizar un futuro digno para quienes acuden a sus Facultades con más esperanzas que certezas en el día que les toque partir hacia altamar. Ya lo advertía Séneca: «Ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina».

Es curioso y contradictorio, cómo la convivencia diaria con el lenguaje, una de las partes fundamentales de la labor de cualquier redactor, no está ayudando a los periodistas a emitir un diagnóstico claro sobre las patología de la profesión. Presos de ambigüedades, paradojas, obviedades y abstracciones, pareciera que hemos caído en el gatopardismo, es decir, cambiarlo todo para que nada cambie, con el añadido de no saber qué es lo que debe cambiar. En qué nos hemos convertido.

Razón: Artículo de opinión en el que se reflexiona sobre los desafíos a los que se enfrenta el periodismo en tiempos convulsos y complicados para la profesión.
Temática: El periodismo y sus paradojas.
Alumnos: Roberto Abad Collantes.
Curso: 2016-2017
Asignatura: Periodismo especializado.

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