En septiembre de 2019, una carta certificada llegó a las oficinas de la Fundación GNOME. No era la primera vez, pero aquella tenía un peso distinto. La remitía Rothschild Patent Imaging, una empresa que los acusaba de infringir una patente porque su aplicación de fotos, Shotwell, permitía enviar imágenes sin cables. Una función tan común que cuesta recordar una época en la que no existiera.
Rothschild pedía una compensación de cinco cifras. Para ellos, rutina; para una fundación sin ánimo de lucro, una amenaza costosa. Pero esta vez el guion no iba a funcionar. GNOME decidió no pagar. Decidió pelear.
Rothschild pertenece a una categoría peculiar: las llamadas entidades no practicantes, más conocidas como trolls de patentes. No fabrican productos; su negocio consiste en poseer patentes, esperar a que alguien construya algo parecido y exigir un pago. Su método es simple: detectan tecnologías ampliamente extendidas, envían cartas de demanda y confían en que la mayoría prefiera obedecer antes que entrar en una batalla que puede costar millones de dólares.
GNOME eligió otro camino. Presentó una contrademanda para invalidar la patente. Para ello, sus abogados excavaron en el pasado del software: manuales de los noventa, foros, documentación olvidada. Buscaban “prior art”: pruebas de que la idea ya existía antes de ser registrada.
Y lo encontraron. En abundancia.
La Oficina de Patentes de Estados Unidos vio suficiente. En 2020, la patente quedó neutralizada en la práctica. El caso se cerró, y GNOME envió un mensaje firme: “Lucharemos contra sus demandas, ganaremos, y sus patentes serán invalidadas.”
Pero la historia no terminó ahí.
Una defensa colectiva empieza a tomar forma
Mientras GNOME reconstruía el pasado tecnológico, en otra parte de la industria se estaba organizando una defensa distinta… y colectiva.
En 2019, la Linux Foundation, Open Invention Network y Microsoft se unieron a Unified Patents, una organización especializada en desactivar patentes dudosas antes de que lleguen a juicio. De esa alianza nació la Open Source Zone: un fondo al que decenas de empresas aportan para proteger a los proyectos de software libre.
Su táctica es sorprendentemente eficaz: convocan concursos públicos de “prior art” (o como decimos en casa estado del arte) Pagan a quien encuentre documentación que demuestre que una idea no sea nueva. Investigadores, desarrolladores, e incluso estudiantes, se convierten en detectives del pasado tecnológico. Unified Patents afirma haber neutralizado más del 90% de las patentes que ha desafiado desde entonces.

Proyectos defendidos y protegidos por Open Source Zone
Y la necesidad sigue ahí. En 2024, por ejemplo, Unified Patents desafió una patente de Intellectual Ventures relacionada con la orquestación de contenedores —una pieza central en tecnologías como Kubernetes esencial para trabajar en servidores— para impedir que se utilizara contra proyectos abiertos.
Pero no todas las defensas requieren fondos colectivos. Algunas están inscritas en las propias reglas del sistema.
La grieta inesperada: el agotamiento de patentes
Entre los principios más curiosos del derecho de patentes está el agotamiento: cuando compras un producto patentado, el inventor ya ha cobrado. No puede seguir exigiendo pagos cada vez que lo usas.
Durante años se aplicó a objetos físicos. Pero en 2017, tras el caso Impression Products vs. Lexmark, su lógica alcanzó también al software distribuido de forma autorizada. Aunque el caso trataba sobre cartuchos de impresora, sus efectos fueron claros: si publicas software de forma legítima, puedes agotar la patente asociada.
La idea es potente: liberar código no solo comparte conocimiento… puede proteger a toda una comunidad. No es una defensa perfecta. Los trolls siguen buscando huecos —especialmente en empresas que mezclan código abierto con componentes propietarios—, donde pueden argumentar que la cadena de distribución se rompe y el agotamiento no aplica. Pero es una grieta real en su modelo.
La otra cara: cuando la defensa llega tarde
Sin embargo, no todos corren con la misma suerte que GNOME. En 2011, la empresa Lodsys envió demandas a desarrolladores de iOS y Android, alegando que funciones comunes —como compras integradas o “upgrades” desde apps gratuitas— infringían sus patentes.
Apple intervino, pero para muchos desarrolladores independientes ya era tarde: litigar era inviable. Acabaron negociando acuerdos privados, no porque tuvieran culpa, sino porque el miedo a una batalla judicial prolongada era más caro que cualquier argumento técnico.
Fue un recordatorio doloroso de que, en esta guerra, tener razón puede salir más caro que rendirse.
El coste invisible de la innovación detenida
Estudios de derecho tecnológico estiman que, sólo en la última década, las demandas de trolls de patentes han costado a las empresas entre 30 y 50 mil millones de dólares. Pero el verdadero daño es más difícil de medir. Está en los proyectos que se cancelan por precaución. En las funciones eliminadas antes de probarse. En los ingenieros que revisan líneas de código como quien revisa un contrato. Es un impuesto silencioso sobre la colaboración. Nadie lo cobra oficialmente, pero todos lo pagan.
Y, aun así, seguimos compartiendo
A pesar de todo, el software libre sigue demostrando que compartir funciona. Más del 90% de los servidores web utilizan Apache o Nginx. Linux sostiene la computación en la nube. Los navegadores modernos comparten motores abiertos.
Esa infraestructura existe porque miles de personas decidieron cooperar.
La victoria de GNOME no fue solo un caso ganado: fue una señal de que la comunidad puede defenderse y de que la buena voluntad también puede servirse del derecho. Compartir código sigue siendo una apuesta, sí, pero ha sido una apuesta extraordinariamente productiva.
Y si algo ha enseñado la historia del software libre es que, por muy enrevesado que se vuelva el sistema, siempre habrá alguien dispuesto a escribir un parche.
Si quieres ampliar información o revisar algunos de los datos puedes encontrar información aquí:
- Información sobre el caso de Rothschild Patent Imaging vs GNOME: https://www.april.org/en/rothschild-patent-imaging-vs-gnome-a-particular-patent-dispute-resolved-no-case-law-established-0
- Estudio de 2011 de la Boston University School of Law (Bessen, Ford y Meurer, «The Private and Social Costs of Patent Trolls») https://www.openphilanthropy.org/wp-content/uploads/Bessen-Ford-and-Meurer-2011.-The-private-and-social-costs-of-patent-trolls-1.pdf
- Información sobre la Iniciativa Open Source:
https://www.linuxfoundation.org/blog/blog/ensuring-patents-foster-innovation-in-open-source
y algunos ejemplos de las patentes invalidadas (ojo en ruso tendrás que traducir…)
https://www.opennet.ru/opennews/art.shtml?num=60969 - Corte Suprema de Estados Unidos extendió este principio al mundo digital en el caso Impression Products v. Lexmark International. Los tribunales determinaron que incluso si el software se distribuye gratuitamente —sin venta tradicional— el acto de ponerlo en circulación autorizada puede agotar la patente.
- La profesora Colleen Chien, de la Universidad de Santa Clara, analizó en su estudio “Startups and Patent Trolls” (2012) cómo afectan las demandas de entidades no practicantes a las startups tecnológicas. En una muestra de 79 empresas que habían recibido una demanda, encontró que las respuestas se repartían entre luchar (35%), llegar a un acuerdo (18%), no hacer nada (22%) o cambiar el producto o el negocio (9%). Resolver la situación rara vez era barato: pelear en los tribunales costaba de media unos 857.000 dólares, los acuerdos extrajudiciales alrededor de 340.000 dólares, y hasta las negociaciones fuera de juicio rondaban los 168.000 dólares. Más allá de las cifras, el impacto era profundo: un 40% de las empresas reportó consecuencias operativas graves (retrasar contrataciones o hitos, pivotar la estrategia, cerrar líneas de negocio o perder valoración), y la mayoría habló de distracción del negocio y desgaste de los fundadores. Chien concluye que estas demandas funcionan de facto como un impuesto regresivo sobre la innovación de las pequeñas empresas.
https://digitalcommons.law.scu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1554&context=facpubs - Estadísticas de uso de software libre: W3Techs. «Usage statistics of web servers.» w3techs.com/technologies/overview/web_server
Razón:El DIT gestiona toda la investigación científica de la UEMC y asegura que este conocimiento llegue a la sociedad, conectando a investigadores con empresas y divulgando los hallazgos de forma comprensible para todos. El Departamento de Investigación y Transferencia tiene como función principal la puesta en marcha de una actividad investigadora organizada e integrada en la normal actividad de la UEMC, así como asegurar el despliegue de los objetivos del Plan de Investigación y el cumplimiento de las decisiones del Consejo Rector. Además, es la unidad encargada de facilitar y promover la colaboración entre la universidad y su entorno socioeconómico.
Su responsable es Francisco Javier Gutiérrez Pecharromán quien se encargará de difundir en Vuélcate todas las novedades de DIT, así como aconsejar sobre métodos, estrategias y técnicas de éxito para la transferencia de conocimiento. En este caso, se incide en que DIT coordina el programa de Prototipos orientados a mercado para convertir ideas innovadoras en soluciones: dit@uemc.es
Temática: La amenaza al software libre y cómo defenderlo.
PAS: Francisco Javier Gutiérrez Pecharromán.
Especialización: Innovación y transferencia del conocimiento. TCUE. Programa de prototipos orientados a mercado.











































