“Hay siempre en el alma humana
una pasión por ir en persecución de
algo.” Charles Dickens
Dicen que, cuando la luna está tan llena que parece estar a punto de desbordarse sobre el mar, las brumas se abren y dejan pasar a quienes no pertenecen del todo a este mundo. Aquella noche, mientras el viento murmuraba historias antiguas, yo la vi surgir entre vapores azulados donde juegan brujas y duendes del océano.
Sus pasos no eran pasos: flotaban sobre la arena húmeda como un secreto aún tibio. La luz lunar se enredaba en su cabello, creando tirabuzones de algas marinas que centelleaban como pequeños faros. Su sonrisa apareció despacio, a hurtadillas, como una invitación que solo un corazón atento podía escuchar.
Yo temblé.
Ella no.
Se acercó y, sin tocarme, descubrió con sus manos imaginarias la forma de mi sonrisa, como si la hubiera adivinado antes de que yo la dibujara.
—Encuéntrame —susurró, y su voz tuvo el peso suave del agua.
Mi tiempo se descalzó del suyo. El mundo se aflojó. La brisa se volvió tibia. Y el mar se ensanchó para que cupiéramos los dos.
Entonces trazó la trayectoria de un beso que todavía no había nacido. Su dedo, frío como espuma recién nacida, dibujó un camino que ardió sobre mi piel.
Yo intenté hablar, pero sus labios, aromáticos a canela, turrón y ron, me robaron la palabra.
Ella me respiró.
Me ató con súplicas de luz.
Me moldeó, como quien esculpe una promesa, sobre la arena húmeda entristecida de antiguos placeres dormidos.
—Ámame —me pidió, rozando mi oído con un beso de azúcar moreno.
—Y cuando creas haberme amado demasiado… vuélveme a amar.
El mar rugió.
El viento quemó su nombre prohibido hasta arrancarlo de raíz.
Ella alzó mis brazos, guiándolos como alas. Golpeamos juntos cada ola, como si despertáramos al océano de un sueño profundo.
Y entonces, en un estallido inmenso de agua y luz…
¡SPLASHHHH!
La marea nos envolvió.
Cuando abrí los ojos, estaba entre sus brazos.
La luna nos observaba, testigo eterna, mientras sus labios volvían a buscarme con la dulce paciencia de un mar en calma.
No sé si fue realidad o hechizo.
Solo sé que, desde esa noche, cada vez que las olas suben con brillo dorado, siento su rastro en mi piel…
y mis labios recuerdan el sabor de un amor hecho de coral, arena y magia.

Razón: Silueta con voz de mujer responde al nombre de la colaboración literaria mensual que la profesora del Grado en periodismo semipresencial, Ruth Amarilis Cotto Benítez, efectuará en Vuélcate. Se trata de una serie de relatos cortos que empoderen a las mujeres.
El logo de su colaboración ha sido cedido por el pintor Alejandro Conde. Se trata de su obra titulada Mujer con sombrero. Y este mismo pintor colabora con otras obras cedidas para ilustrar específicamente algunos relatos de la autora.
Temática: Amor.
Profesor: Ruth Amarilis Cotto.
Especialización: Filología Inglesa. Dpto. Ciencias Sociales (UEMC).











































