Donde el silencio guarda memoria: historias de Palazuelo de Vedija y Villalán de Campos, en Raíces que hablan

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En Tierra de Campos hay pueblos que no se visitan sino que también se escuchan. No hacen ruido, no compiten, no se exhiben. Están ahí y siempre lo han estado sin que te des cuenta y, en ese estar, discreto y terco, guardan una forma de vida que resiste en lo cotidiano. Así ocurre en Palazuelo de Vedija y en Villalán de Campos, dos lugares donde el tiempo no se ha detenido, pero sí ha aprendido a ir más despacio.

Llegar a Palazuelo de Vedija es entrar en un paisaje horizontal donde el cielo pesa tanto como la tierra. Las casas, de adobe y memoria, parecen hablar en voz baja, como si no quisieran molestar. Allí, la vida se organiza en torno a gestos sencillos: abrir una puerta, saludar al vecino, mirar el campo antes de que caiga la tarde. No hay prisa, pero tampoco abandono. Hay una forma de dignidad tranquila que no necesita explicarse.

Cuenta la historia que en Palazuelo de Vedija, hubo un tiempo en que el cerdo marcaba el ritmo del año. La matanza no era solo una tarea doméstica, sino un verdadero acontecimiento económico y social. De ella dependía buena parte del sustento familiar, pero también generaba un pequeño circuito de intercambio y comercio que daba vida al pueblo que se llenaba de comerciantes y de bullicio, pero ahora es una estatua en homenaje a los “marraneros” el único recuerdo que está presente en la plaza mayor del pueblo.

Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora
Monumento al marranero

Fuente: fotografías tomadas por los investigadores

Su alcalde Magín y concejala Violeta muestran con entusiasmo cada rincón de su pueblo y comentan con orgullo las raíces de muchas celebridades como Jeff Bezos, presidente de Amazon y el actor Cesáreo Estébanez de la mítica serie Farmacia de Guardia. Palazuelo de Vedija muestra al visitante interesantes exposiciones sobre el patrimonio de varios pueblos de la zona que muestran su identidad cultural con una gran profundidad cristiana. José Manuel Hernández, párroco e impulsor de la iniciativa, explica esta muestra de increíbles tallas, imágenes religiosas y lienzos que no dejan indiferente a quien lo visita. Este pueblo verdaderamente comunica y transmite con su gente e historia a cada paso que vamos dando hasta terminar la jornada en el restaurante de Dulcinea donde se puede degustar estupenda comida de temporada muy muy casera, como gusta en Palazuelo.

Tallas religiosas de s. XVI-XVII de la exposición “Salió el sembrador a sembrar” (Ayuntamiento de Palazuelo de Vedija)
Tallas religiosas de s. XVI-XVII de la exposición “Salió el sembrador a sembrar” (Ayuntamiento de Palazuelo de Vedija)

Fuente: fotografías tomadas por los investigadores

Villalán, por su parte, conserva ese aire de pueblo recogido, casi íntimo, donde cada calle parece tener historia y cada esquina guarda un recuerdo. No hace falta que alguien lo cuente; se percibe en la manera en que se nombra a quienes ya no están o en cómo se señala una casa diciendo “ahí vivía…”. La memoria aquí no es archivo: es presencia. Su precioso palomar restaurado nos invita a vivir verdaderas noches oscuras contemplando únicamente las estrellas; quién sabe si será el mejor lugar para vivir un eclipse solar total, al menos así le parece a nuestro querido secretario de ayuntamiento Juan Revilla.

En ambos pueblos, como en tantos de Tierra de Campos, lo importante no siempre se ve. Está en las conversaciones a media mañana, en los silencios compartidos, en las manos que han trabajado la tierra durante décadas. Está en una forma de entender la vida donde lo colectivo tiene más peso que lo individual, aunque a veces no se nombre así.

Palomar restaurado de Villalán de Campos
Plaza mayor de Villalán de Campos “Fuente de la alegría”

Fuente: fotografías tomadas por los investigadores

Pero también hay otra realidad, más silenciosa todavía. La de las persianas que no se levantan, la de las escuelas que cerraron hace años, la de los jóvenes que se marcharon buscando lo que aquí parecía no estar. Según Ignacio Sánchez, alcalde de Villalán la despoblación no es solo una cifra: es una ausencia que se nota en los bancos vacíos y en las fiestas que ya no son lo que eran. A pesar de todo este alcalde de la tierra de campos profunda no deja de organizar encuentros en plena naturaleza junto a la Asociación Isla Coruja.

Y, sin embargo, sería injusto quedarse solo en esa mirada. Porque estos pueblos no son únicamente lo que han perdido, sino también lo que aún pueden ofrecer. Hay una riqueza que no se mide en habitantes, sino en historias. En saberes. En formas de relación que hoy, en otros lugares, parecen casi imposibles.

Ahí es donde cobra sentido el proyecto Raíces. No como una intervención externa, sino como una forma de acercarse con respeto. De escuchar antes de proponer. De entender que el territorio no necesita ser explicado desde fuera, sino acompañado desde dentro.

En Palazuelo y en Villalán, escuchar significa sentarse y dejar que las cosas ocurran. Que alguien recuerde cómo se trillaba antes, que otro hable de las fiestas de entonces, que una conversación derive en otra sin guion ni prisa. Significa también que los más jóvenes, los que vienen de fuera o regresan, miren con otros ojos lo que siempre estuvo ahí.

Porque cuando un joven graba con su móvil a una persona mayor contando su historia, no solo está registrando un testimonio. Está creando un puente. Está diciendo, sin palabras, que eso importa. Que merece ser contado. Que forma parte de algo más grande.

En ese gesto sencillo se condensa una idea poderosa: la memoria no es pasado, es posibilidad. No se trata de conservar como quien guarda, sino de activar como quien comparte. De convertir lo que fue en algo que puede seguir siendo, aunque de otra manera.

La música, la palabra, la imagen… todo eso que el proyecto Raíces pone en marcha en forma de talleres no busca transformar el pueblo en otra cosa, sino ayudarle a reconocerse. A mirarse desde fuera sin dejar de ser lo que es. A entender que hay valor en lo cotidiano.

Quizá el mayor aprendizaje que dejan lugares como Palazuelo de Vedija y Villalán es precisamente ese: que no todo tiene que crecer para tener sentido. Que hay territorios que no necesitan expandirse, sino ser escuchados. Que el futuro no siempre pasa por cambiarlo todo, sino por saber qué merece permanecer.

Al caer la tarde, cuando el sol se va retirando despacio sobre los campos, uno entiende que aquí las cosas importantes no hacen ruido. Se quedan. Persisten. Como las raíces que no se ven, pero sostienen.
Y tal vez de eso se trate: de volver a mirar estos pueblos no como espacios vacíos, sino como lugares llenos de significado. De aprender a escuchar lo que dicen, incluso cuando parece que callan. De reconocer que, en medio de tanto movimiento, hay territorios que siguen enseñando a permanecer.

Porque en Tierra de Campos, y especialmente en rincones como Palazuelo de Vedija y Villalán de Campos, la vida no se mide por lo que falta, sino por lo que todavía late.

Razón: La profesora Mónica Matellanes Lazo es la investigadora principal del proyecto Raíces: Relatos y aprendizaje Intergeneracional conectando estudiantes y sabios, fruto de la VII convocatoria de proyectos de
investigación y retención del talento UEMC-Diputación de Valladolid. La acompaña como becaria de investigación y antigua alumna de Publicidad y RR.PP., Paula Pozo Pablos. En esta investigación se aborda la problemática de los municipios de la provincia de Valladolid de menos de 200 habitantes. Gracias a las fuentes secundarias y primarias se entiende que hay que intervenir en los pueblos: escuchar y pasar a la acción. El objetivo es intervenir en determinados municipios prestando ayuda para recuperar la memoria, los oficios y las tradiciones… llevar a cabo talleres intergeneracionales que sirvan de modelo para su réplica en otros lugares de todo el panorama nacional. Es curioso detectar que muchos de los que viven en estas pequeñas zonas rurales no perciben soledad no deseada. Están felices, pero demandan servicios básicos; fundamentalmente la sanidad y el transporte. La memoria y la recuperación de sus raíces, oficios…que no queden en el olvido que se visualice su patrimonio, riqueza cultural, natural, sus gentes y fiestas.
Temática: Comunicación Social en el ámbito rural. Recuperación de la memoria rural de las raíces del territorio
Profesor: Prof. Dra. Mónica Matellanes Lazo y Paula Pozo Pablos, Becaria de investigación y antigua alumna UEMC de Publicidad y RR.PP.
Especialización: Publicidad y RR.PP.

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