La Côte d’Azur nació como un nombre literario antes que como una frontera en el mapa: en 1887. El escritor Stéphen Liégeard bautizó así esta franja mediterránea y el término acabó imponiéndose como marca emocional del sur francés, entre el azul intenso y la idea de invierno suave que sedujo a viajeros aristocráticos desde el siglo XIX. En la actualidad, esa herencia se percibe en un triángulo muy fotogénico: Niza, Antibes y Cannes, tres ciudades que comparten luz y mar, pero cuentan historias distintas.
En Niza, la capital oficiosa de la Riviera, todavía se intuye el pulso antiguo de los puertos ligures y el paso romano, pero también el salto decisivo del siglo XIX, cuando la aristocracia europea convirtió el invierno azul en temporada alta. Hoy, al caminar por el Vieux-Nice, entre fachadas ocres y ropa tendida, uno entiende que el glamour aquí convive con la vida de barrio.
Hacia el oeste, Antibes ofrece una Riviera más recogida. Sus murallas frente al mar recuerdan que este litoral fue frontera y vigilancia, antes de ser descanso. En el mercado provenzal, la tradición se cuenta con olores: hierbas secas, aceitunas, quesos y cítricos. Es el tipo de lugar donde la rutina parece un ritual diario, casi una ceremonia de pertenencia.
Cannes, en cambio, juega a dos bandas: Por un lado, la ciudad del festival y las alfombras rojas, con la Croisette desplegando escaparates como si fueran decorados. Por otro, los rincones que resisten el ruido: calles que suben hacia Le Suquet, terrazas discretas, pescadores madrugadores. La tradición aquí no se esconde: simplemente se aparta un poco de los focos.
Y en la mesa, la Costa Azul habla un idioma propio: socca crujiente, pissaladière de cebolla y anchoa, pan bagnat, ensaladas de temporada y guisos lentos como la daube niçoise, siempre con el aceite de oliva marcando el acento. Para brindar, el rosado de Provenza funciona como un puente natural entre interior y costa.
Hacia final de año, la región cambia el salitre por canela. Los mercadillos navideños iluminan plazas y paseos con casetas de madera, vino caliente, dulces, artesanía y belenes de inspiración provenzal. No hace falta nieve: aquí la Navidad se celebra con luz mediterránea y un abrigo ligero, mientras el mar sigue haciendo de telón de fondo.
Razón: El profesor Ismael García-Herrero está especializado en Fotoperiodismo. Con la sección bimensual Full Frame, quiere mostrar su visión de los viajes y la fotografía social desde una óptica periodística.
Temática: Viajes.
Profesor: Ismael García Herrero. Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.
Especialización: Fotoperiodismo.












































