Cicatrices…

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El mar sabe estar en calma incluso cuando está furioso por dentro.
Guarda una furia interna y, aun así, ofrece calma.
Hay algo en las olas que me da envidia y es su libertad intacta, su manera de ser sin pedir permiso. Llegan cuando quieren, se van sin dar explicaciones. Tocan la orilla durante un instante, dicen hola sin palabras y se van llevándose todo con ellas, borrando huellas, como si nada hubiese ocurrido allí.
Ojalá tener esa forma de existir. Llegar, soltar lo que pesa y volver nueva, dejando atrás todo lo malo de la orilla y regresar sin cicatrices, sin memoria del golpe.

Nunca he sido muy creyente de religiones ni de promesas invisibles, pero si algo tengo claro y que no necesita de fe, es que el mar cura. Pone vendas donde no se ven las heridas y abraza donde el alma se siente cansada. Siempre encuentra la manera de quedarse aun cuando todo lo demás se va.

Las cicatrices no gritan, pero permanecen.
Como el mar.
Como lo que duele y sigue viviendo en nosotros.

Razón: La antigua alumna de Comunicación audiovisual, Silvia de Frutos Velasco, comparte esta reflexión literaria con la comunidad UEMC y la presenta al VII Concurso vuelcatero 2025-2026.
Temática: Las cicatrices y el mar.
Alumnos: Silvia de Frutos Velasco.
Curso: 2025-2026.

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